Las praderas de Posidonia oceanica y Cymodocea nodosa, verdaderos bosques submarinos, desempeñan un papel clave tanto en la preservación de la biodiversidad, al ofrecer refugio y alimento a muchas especies, como en la captación de CO₂ de la atmósfera. A pesar de esta importancia, se encuentran fuertemente amenazadas por las malas prácticas de fondeo de embarcaciones, los vertidos fecales, la construcción de infraestructuras marinas y el aumento de la temperatura del agua. Ante este escenario, el Gobierno central aprobó el 17 de marzo un real decreto destinado a prevenir estos impactos y a reforzar la protección de estas fanerógamas marinas.

Medidas para frenar la degradación de las praderas marinas
El real decreto establece un régimen de protección que limita la instalación de nuevas infraestructuras como gasoductos, oleoductos o cables submarinos y restringe actividades potencialmente contaminantes, como los vertidos líquidos o sólidos. Asimismo, fija limitaciones a nuevas instalaciones de acuicultura y a puntos de vertido cercanos, con el objetivo de preservar estos ecosistemas marinos.
También prohíbe el fondeo de embarcaciones sobre las praderas marinas, una de las principales causas de su degradación, e impulsa sistemas de amarre de bajo impacto, como las boyas ecológicas, para compatibilizar el uso recreativo con su conservación.
Además, regula la gestión de los restos de posidonia que se acumulan en las playas, reconociendo su función ecológica, ya que actúan como una barrera natural que protege la arena frente a los temporales.
Por otro lado, el decreto refuerza la investigación y el seguimiento del estado de las praderas marinas, impulsando su delimitación cartográfica. Esta herramienta, largamente reclamada por expertos y entidades conservacionistas, es clave para ayudar a los navegantes a evitar fondear sobre estos ecosistemas.

Un ecosistema vital bajo el mar
Las praderas de fanerógamas marinas constituyen uno de los ecosistemas más valiosos del Mediterráneo. Son el hábitat y zona de cría de multitud de especies y forman extensas comunidades que pueden tardar décadas en recuperarse en caso de degradación. Además, actúan como importantes sumideros de carbono y mejoran la calidad del agua.
En definitiva, la nueva normativa representa un paso firme hacia la preservación de un patrimonio natural imprescindible para el equilibrio ecológico del Mediterráneo. La protección efectiva de las praderas marinas no solo garantiza la conservación de la biodiversidad, sino que también refuerza la lucha contra el cambio climático y la sostenibilidad de las actividades humanas vinculadas al mar.
El reto, sin embargo, será asegurar su cumplimiento y la implicación de todos los actores, desde las administraciones hasta los usuarios del litoral, para que estos bosques submarinos puedan seguir desempeñando su papel vital durante generaciones futuras. En este sentido, desde el Club reafirmamos nuestro compromiso con la protección del medio marino y la preservación de las praderas de posidonia, un patrimonio natural imprescindible del Mediterráneo.